Descubre Txacoli: La Revolución Vinícola de Álava

La Nueva Era del Txacoli: empecemos por Álava

Tuve la suerte de poder disfrutar de una cata en la que, de la mano del presidente de la DO, Mariano Álava y la "verbigracia" de José Ignacio Junguitu, fuimos desgranando una gran diversidad de estilos, crianzas, maneras y direcciones del txacoli alavés, siempre desde esa premisa de variedades locales, respeto por un territorio único y devoción por la tradición que les caracteriza. Enn la cata estuvieron Kerman Álava, de

 

Apuesta por lo local y vinos que saben cumplir años

 Arabako Txacolina se hace mayor, y lo demuestra con unos blancos serios, gastronómicos, que aúnan una identidad súper marcada (nadie dirá que no son txacolis) con un afán de guarda, de perdurar, de buscar nuevos caminos, que ha posicionado a esta denominación de origen entre las más interesantes y prometedoras de nuestro panorama actual. 

Son menos de 100 hectáreas de viñedo las que recorre esta Denominación de Origen, situada en el municipio alavés de Ayala. Poco espacio pero mucha diversidad, ya que recoge altitudes que van desde el nivel de mar hasta los 1100 metros de la Sierra Salvada. Una diversidad que ayuda a crear un microcosmos muy auténtico que en los últimos años ha dado un salto cualitativo realmente estupendo. 

 

Artomaña Txacolina y Maura Verástegui, de Torre de Murga-Txicubin, quienes nos contaron sus proyectos, muy diferentes entre sí pero con muchos puntos en común. Kerman nos presentó una gama de vinos amplia y diversa, desde txacolis tradicionalmente renova-

-dos, como el Kiriki, que me encantó, hasta tintos, vendimias tardías o incluso un espumoso que, aunque es cierto que está dando aún sus primeros pasos en este tipo de elaboraciones, puede ser un camino más que interesante en esta zona.

Maura, por su parte, nos presentó su Txicubin y dos espumosos, un blanco de Hondarrabi Zuri y un tinot de Hondarrabi Beltza, de nombre 13 estrellas. Torre de Murga es un  espectacular proyecto en el que el enoturismo es pieza clave, y es que la belleza de Álava y sus capacidades para el turismo son indudables y sin duda, suman muchos puntos a la hora de organizar viajes, visitar la zona y acercarse a sus bodegas. 

Llenos de frescura y atlanticismo, no renuncian a la complejidad de crianzas y elaboraciones "rebeldes"

Entre las etiquetas que pudimos catar en La Caníbal, lugar de culto de vinos auténticos (Argumosa, Lavapiés, Madrid), me gustaría destacar:

  1.  Las locuras de Tantaka, con un orange wine solo apto para corazones fuertes y almas libres, de nombre Extremaunción. 
  2. Malkoa, de Astobiza, seguramente no mi txacoli favorito, sino mi vino blanco español favorito. Una pasada. 
  3. Urtaran Cuvee de Txema Gotxi (Bat Gara), un gran blanco de crianza  y Aromas del Sur , un txacoli con velo de flor y crianza en barrica de cerezo que le pone el punto descarado a la cata uniendo los dos atlánticos. 

DESCORCHO DEBATE:  El único "pero" que puedo ponerle a la revolución del txacoli, es que estén atomizados en nada menos que tres denominaciones de origen, una para cada provincia del País Vasco, cuanod comparten histpria, cultura, variedades de uva, estilos de elaboración... ¿De verdad que es necesario? ¿No se pueden poner de acuerdo y hacer una sola denominación con tres subzonas? 

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