
Unzu Rosé 2025
Unzu nace de 18 hectáreas de viñedo de la uva reina navarra, la garnacha tinta, viñas seleccionadas por Julián en los alrededores de su Cintruénigo natal, concretamente de Carratudela y Molengo. Son garnachas de treinta años o más, asentadas en unos preciosos suelos con cascajos a la vista.
Con la asesoría de Valerie Lavigne, verdadera autoridad en el mundo del vino- asesora a míticas bodegas como Château d’Yquem- ha creado un rosado súper gastronómico, que destaca por esa boca delicadamente trabajada, que hace de este un rosado que va un paso más allá, un vino en el que su frescura no impide hablar de complejidad, de estructura... palabras mayores.
Valerie trabajó con Julián allá por 2014, en el que fue uno de los primeros rosados "provenzales" que se elaboraron en España. Ahora vuelven a trabajar juntos para dar continuidad a este precioso proyecto en el que Julián y sus hijos, sin presiones, elaboran los vinos que les apetece, en su tierra, con su historia, con un legado familiar de siglos., con sus uvas.
Creo que es un buen camino.
Hablar de Julián Chivite es hacerlo de una figura clave en nuestra enología.
Cuando hace tres cosechas presentó su proyecto más personal, Unzu, en el que, junto a sus hijos, está elaborando los vinos que realmente quiere hacer, sabíamos que la cosa esa "seria".
Y así ha sido. Este rosado ha ido creciendo, añada tras añada, encontrando poco a poco su sitio, construyéndose en torno a una garnacha fresca trabajada impecablemente con sus lías, hasta llegar a este 20025 en el que se ha superado, sin dudarlo.
La tercera añada del rosado de Julián Chivite se supera
Os dejo, por último, algunos apuntes de cata, para que os hagaís una idea de lo que encontraréis dentro de esa, por cierto, preciosa botella (pero difícil de apilar).
A nivel de aromas encontramos grosella, frambuesa, cereza ácida, con intensidad, pero todo en un perfil delicado.
En boca para mí es donde ha dado el salto, resultando fresco, elegante, con un volumen importante sin ser por ello grosero, a lo que ayuda el que tiene un alcohol muy comedido (12,5% vol) y sobre todo, una acidez maravillosa, refrescante, salivante. Un rosado para comer con él y disfrutar, sin duda, ahora, pero también en unos años si tienes paciencia, lo guardas y te gustan esos perfiles de rosados más añejos, como es mi caso.
