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Blanco Izadi Fermentado en barrica 2016

Los chicos de Verema, esa comunidad de frikis del vino que tanto me gusta, la eligieron el año pasado como Mejor Bodega del Año. Razones no les faltan. Desde que a finales de los 80 viera la luz, Izadi, casa madre del grupo Artevino (Finca Villacreces, Vetus y Orben lo completan), ha destacado por su claridad de ideas, creando una línea de vinos bien pensados, elegantes, modernos pero sin pasarse, en la que en mi opinión, es una de las trayectorias más coherentes que he visto en tiempo. Situados en el corazón de La Rioja Alavesa, cuentan con un centenar de viejas viñas en una de las zonas con más caché, Villabuena de Álava. Con ellas elaboran tres tintos (Izadi, El Regalo y Expresión) y este sensacional blanco fermentado en barrica. Al frente de estos vinos se encuentra una mujer, la enóloga Ruth Rodríguez, quien tiene muy claro cuando los "diseña" el lado gastronómico de los mismos: vinos para comer disfrutando con ellos. Ante la pregunta del porqué de este blanco fermentado en barrica, nos comenta: "recuperar la esencia de las variedades blancas autóctonas de Rioja, que nos permiten crear un vino expresivo pero, sobre todo, con cuerpo, con volumen y a la vez con frescura, que conjuga perfectamente con un amplio espectro de maridajes”. 

Además, este blanco tiene detrás la bonita historia de las "blancas entre tintas". Antiguamente era tradición plantar unas pocas viñas de uva blanca en los cabeceros de los lineales de tintas, uvas que luego formaban parte del coupage final de los tintos riojanos tradicionales. Y los viejos viñedos de Izadi no son una excepción en este sentido. La diferencia es que, en esta ocasión, en vez de mezclarlas, Ruth ha elegido las mejores cepas de estas "blancas entre tintas", uvas viuras y malvasías, para elaborar su blanco. Un vino de profunda esencia riojana pero en el que la barrica se utiliza muy veladamente (solo para una fermentación de tres meses). Así ganamos en complejidad, cuerpo y longevidad, pero sin perder frescura y fruta.  De esta añada, que ha sido especialmente grata,  solo han surgido 85 barricas bordelesas de vino blanco. 

 

Blanco Izadi Fermentado en barrica 2016. D.O.Ca. Rioja.  B. Izadi.

Variedades: 80% viura, 20% malvasía. 

Mis notas de cata: De bonito color pajizo verdoso. Tiene una nariz muy fresca, franca y aromática, donde podemos encontrar fruta blanca (como la manzana), junto con otra más cítrica (pomelo), todo ello con un fondo propio de la barrica que le da un carácter ligeramente dulzón, con notas de membrillo, flor de azahar, galletas napolitanas (azúcar con canela) y al fondo alguna pimienta blanca.

En boca es fresquísimo, con una estupenda acidez cítrica y un amargor, producto de la barrica, que lo vertebra y lo hace más largo. Ligeramente salino, incita a seguir bebiendo. Un vino para beberte la botella, que deja en tu boca recuerdos de níspero y pomelo rosa.

Cuándo me lo tomo: Empieza a vivir sus mejores momentos, y podremos alargarlos, dependiendo de cómo nos gusten los blancos (más o menos frutales) en los próximos años. 

Con qué me lo tomo: Se me han antojado unas almejas a la sartén, pero también le irían de lujo unos quesos cremosos, o unas tostas de salmón y bacalao ahumado, o unos espaguetti a la marinera... Es un vino hecho para comer con él.  

Cuánto cuesta: 9 €

Y mientras cato, leo....

La España Vacía. Autor: Sergio del Molino. Editorial: Turner.

Es maravilloso, ilusionante, esperanzador, toparte con un autor como Sergio del Molino. Y es que cuando un buen periodista sale buen escritor (y ya os digo, como periodista y escritora frustrada que soy, que no es habitual), puede hacer grandes cosas. Como esta España Vacía, un ensayo minucioso escrito con la ligereza de un libro de viajes y la seriedad del mejor periodismo de datos, una obra esencial para entender la España desfragmentada que nos toca vivir. Porque nunca hay que olvidar las raíces, esas que siguen enterradas en nuestros enormes territorios vacíos y que, aunque no seamos del todo conscientes de ello, necesitamos, hoy más que nunca, para entendernos, incluso simplemente, para sobrevivir.

Al igual que en materia enológica hay una apuesta sincera por la recuperación de uvas autóctonas casi desaparecidas -una apuesta que responde a una necesidad real por parte del urbanita de saborear lo auténtico, lo local frente a lo global-, existe también una tendencia cada vez más fuerte a refrescar las raíces de esa "España vacía". A mirar de frente a esa "otra España", la que engloba grandes territorios con densidades de población inferiores a Laponia, y a la que hasta ahora, hemos dado la espalda, ignorándola cuanto menos. Esa España que solo sale en los telediarios en la sección de sucesos, esa que no forma parte de las prioridades políticas, nos resulta, paradójicamente, imprescindible para no perdernos, para colocarnos en el mapa.

Pero si de verdad queréis leer una buena crítica literaria, lo mejor es que ojeéis el artículo de Antonio Muñoz Molina en Babelia, él sí que sabe. A mí se me da mejor, parafraseando "Amanece que no es poco", "beber una gotica".