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El Mirlo Blanco de Madrid

Recuerdo cuando era pequeña mi asombro al decirme mi hermano que aquel pajarucho negro de pico anaranjado, era un mirlo. Y es que tanto había asociado este pájaro al refrán del mirlo blanco, que había eliminado la realidad de la ecuación. Sí, los mirlos son normalmente negros y lo excepcional es encontrar uno blanco. Pero aquí lo tenemos, y no solo por su nombre. Y es que los de Valquejigoso (cuya imagen es un trébol de cuatro hojas, tambien algo excepcional en la naturaleza), lo han vuelto a hacer. Han creado un gran blanco, diferente, que sorprende, con una elegancia y personalidad que te deja atónito. Y en Madrid. Toma ya.  Mirlo Blanco 2013 sabe transmitir el paisaje en el que nace, una dehesa pródiga en jara y alcornoques, en la que vegetación silvestre, cepas y animales viven en armonía. 

Aurelio García, enólogo de la bodega, decidió arriesgarse a plantar, en una pequeña parcela de menos de dos hectáreas de suelo arenoso y profundo, situada en la parte más fresca de Valquejigoso, un jardín de variedades blancas. Así que lo llenó con la local albillo real, junto con la viognier y la sauvignon blanc. Y de ahí surgió  su "Mirlo Blanco", un coupage perfecto en el que se preserva la identidad del suelo pero al que se le añade longevidad. La sorpresa llegó cuando el resultado transmutó, a mayores, en un vino con una complejidad extraordinaria. 

 

Mirlo Blanco 2013. B. Valquejigoso. DO Vinos de Madrid. 40% Albillo Real, 35% Sauvignon Blanc, 25% Viognier. 

Aurelio elabora en principio cada variedad independientemente. Tras once meses en barrica y tras cata, decide qué proporción llevará de cada uva y, ya ensamblado, lo trasiega a un depósito de hormigón con forma de huevo. Con ello consigue que las lías vayan cediendo sus virtudes al vino, que gana así en estructura y untuosidad, permitiendo al tiempo que el suelo se exprese  con libertad.

Tras un año de crianza en el huevo de hormigón, se embotella y se guarda en la bodega dos años más, hasta que se ponen a la venta las, en este caso, 2.160 botellas de Mirlo.

 

Mis apuntes de cata:

Es un vino muy entretenido, de esos que me gusta tener en la copa mientras charlo o veo un capítulo de una de mis series favoritas... porque tiene un sinfín de registros, que como en una sinfonía, se van desgranando, sucediéndose, trasponiéndose, cediéndose unos a otros su protagonismo. Así, yo encontré notas de membrillo, de cítricos maduros como el pomelo, con un fondo de mantequilla suave y envolvente. En boca es untuoso, largo, cremoso, con un ligero amargor al final que le da estructura, y esa fina acidez cítrica que te da la vida. Todo ello muy bien compensado en un conjunto de una elegancia y complejidad asombrosa.  Por fin encontré a mi Mirlo Blanco, y lo hice en la Sierra de Madrid.

 

Cuándo me lo tomo: Tenemos Mirlo para rato, pero ya puedes disfrutarlo. 

Con qué me lo tomo: Con una selección de quesos mantecosos, intensos, con una cierta curación. O con un lenguado a la meuniere. Cualquier plato que juegue con los lácteos le va que ni pintado.

Cuánto cuesta: 45 euros.

La BSO: Me parece un clásico contemporáneo, como mi querido Rachmaninoff, con carácter cuando hay que tenerlo y dulzura cuando se debe de tener.