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MADRID TIENE BUEN VINO, SPEEDTASTINGS... Y A HINDS

Por si no lo sabíais, soy madrileña. No de Madrid, no del Madrid. Más bien me definiría como castiza, una chavala simpaticota, nacida y criada a orillas del Manzanares, con todo lo que ello conlleva. Por eso me llena de orgullo y satisfacción (mira que me gusta a mí la caspa) hablar de “mis vinos”, los vinos de Madrid, unos grandes  e injustamente desconocidos que hay que descubrir a la de tres, porque os van a encantar.

Como me he prometido ser sincera en mi diario, os voy a decir lo que realmente pienso. Pero antes, solo quiero comentaros una curiosidad histórica, porque me parece importante señalar que lo de hacer vino en la capital no es una moda, no es algo pasajero, sino que Madrid ha estado siempre bien rodeada de viñas y que incluso tuvo una importante industria vinícola. ¿La gran urbe podía ser agrícola? ¡Y tanto!  Madrid llega al siglo XX con más de 60.000 hectáreas de viñedo; ello acompañado de una industrial fértil, dominada por la garnacha y el airén, que llevábamos a todos los rincones de la península. Pero  en 1895 se pone en marcha el tren Madrid-Valdepeñas, el conocido como el tren del vino, y la floreciente industria capota. Con un transporte tan rápido, barato y eficaz nosotros, los madrileños, que somos más poco patrios que yo que sé, empezamos a dejar de beber nuestro vino para beber el de Valpepeñas y ese es el principio del fin. El vino de Madrid cae en el olvido, se empiezan a desplantar viñedos y zonas que habían sido míticas, como San Martín de Valdeiglesias, casi desaparecen.

Y ahora el presente. Y mi promesa de ser sincera conmigo y con vosotros. Que al final, viene a ser lo mismo. O casi. Después de ese momento en el que Madrid deja atrás su edad dorada, los que quedan son, en su mayoría, cooperativas que no quieren complicarse la vida. Elaboran vinos correctos, baratitos, pero sin raíz, unos vinos que, a la "menda" le aburren. No me dicen nada, y yo, beber por beber, a mi edad... ya no. Ese es el lado malo y sería injusto quedarse ahí, porque si analizo cada una de las denominaciones de origen españolas, esto pasa en todas ellas: las grandes, las pequeñas y las medianas. No todo puede ser oro. No siempre puedes pagarlo y no siempre te apetece ponerte de punta en blanco.

Bodegas clásicas en la DO, como Ricardo Benito (con su Divo) o Vinos Jeromín (con su Félix Martínez Cepas Viejas) fueron, en mi opinión, de los primeros en crear vinos interesantes. En los dosmil se le van sumando proyectos bien guapos, nuevas bodegas o nuevas generaciones de bodegas ya asentadas, que tienen ganas de hacer otras cosas. Me viene a la cabeza El Regajal, Licinia, Gosálbez Orti, en la subzona de Arganda; El Rincón en la subzona de Navalcarnero o Las Moradas de San Martín (de los primeros que apostaron por las nuevas garnachas) y Luis Saavedra en la subzona de San Martín. Pero solos, ni siquiera con el peso de un marqués de Griñón y su “rincón”, consiguen que al consumidor llegue una imagen moderna del vino madrileño. Hasta que llegan "ellos". Los neogarnacheros, y deciden darle rockandroll al asunto. Comando G, Bernaveleba, 4 Monos Viticultores, Marañones… Han conseguido que se hable de los nuevos vinos de Madrid, de las garnachas de la Sierra de Gredos, con unos vinos delicados, gustosos, con estilo propio, modernos a rabiar. ¿Porqué ahora sí y antes no, es que los ejemplos anteriores no valen? Yo creo que han dado en el clavo con su forma de comunicarlo, con su imagen, con lo que se llama el story telling en publicidad y sobre todo, porque se han dirigido al bebedor que tiene orejas para las cosas nuevas. Me parece maravilloso y además creo que a través de ellos, otros podrán darse a conocer y otras bodegas se arriesgarán a soltarse el pelo y hacer vinos diferentes.

 

Mis apuntes:

Y hablando de cosas diferentes y modernas, los de Vinos de Madrid me propusieron participar en una #speedtasting, el lugar en el que las redes sociales y las catas se fusionan. Fue una experiencia muy divertida, estresante pero adictiva, en la que en 7 minutos el enólogo o bodeguero debía presentar sus vinos y nosotros, blogueros y periodistas, catarlos y twitearlos. Como todo lo exprés, fue superficial, nada analítico, pero también espontáneo y directo;  una manera ra´pida y atractiva de conocer una buena selección de vinos. En mi mesa catamos y charlamos con los creadores de:

 

Tinto La Danza del Viento 2013. 4 Monos Viticultores. Situados en San Martín de Valdeiglesias, 4 Monos es un proyecto pequeñito de cuatro chicos jóvenes muy majos que han apostado por la garnacha de Gredos con sello madrileño. Nos lo presentó la “mona” Laura Robles, quien nos habló de las viñas de garnacha casi octogenaria con las que se elabora este tinto tan especial. Desde la etiqueta se nota que es un vino con un punto de mágico, la parcela de la que proceden sus uvas se llama El Canto de Las Brujas y no digo más… Bueno sí, que fermenta y cría en roble francés (unos 15 meses) con la uva entera. A mí me encantan las buenas garnachas, y este es un ejemplo de nota. Me gusta muchísimo su fruta roja, su acidez salivante y ese rastro de tiza, esos recuerdos  minerales que deja en sus mejores ejemplos. Y así es esta “danza”, muy muy recomendable.

Su momento: Desde ya, aunque podremos consumirlo en los próximos años e irá ganando en complejidad.

Lo que cuesta: 25 euros

Con qué me lo tomo: Como aún estamos en temporada taurina y no han llegado los grandes calores, con un estofado de rabo de toro. Y si eres antitaurino, te dejo con una escalibada, que también le va fenomenal.

 

Tinto Corucho Finca Peazo La Encina 2013. Bodega Ecológica Luis Saavedra. El propio Luis Saavedra nos habló de su tinto más especial, del que solo ha hecho 1.400 botellas. Elaborado con garnachas centenarias de Cenicientos, retoma la tradición familiar de vendimiar de noche a mano, y a mano desgranarlo, prensarlo y bazuquearlo. Luis se apasiona al contar cómo lo elaboran, de una manera tan artesanal que da ternura. No me fue difícil imaginarme a toda su familia en el momento de ir desgranando los racimos y después prensándolos, en el cansancio pero también el orgullo de hacer una cosa con un fin y luego poder ver el resultado ¡y beberlo! Es un tinto ecológico con mucha identidad, muy de terruño, con fruta roja y negra, especias como la pimienta negra y recuerdos a la finca que le da nombre.

Su momento: Ahora está estupendo y podremos mantenerlo cuatro o cinco añitos  sin problema.

Lo que cuesta: 17,50 euros

Con qué me lo tomo: Con unos callos a la madrileña.

 

Tinto Initio 2009. Las Moradas de San Martín. Su enóloga Isabel Galindo nos alumbró acerca de esta nueva añada de Initio. Las Moradas fue la primera bodega madrileña que apostó por la garnacha, demostrando el potencial que tiene y lo que se puede conseguir de ella. A diferencia de la línea afrancesada que siguen en las últimas añadas los “neogarnacheros”, nos enfrentamos a un tinto profundo, concentrado y en esta añada, que fue super seca y en la que las garnachas tuvieron que buscarse la vida hundiendo bien sus raíces, muy mineral. Es un tinto de montaña (sus garnachas, muchas de ellas centenarias, se encuentran a 870 metros de altitud), que enseña el lado maduro de la garnacha, con notas de mermelada de mora, palolú, mucha hierba de monte  y cacao, siempre con ese lado mineral como vértebra. Un tinto para los que gusten de vinos laaaaaargos, y bien concentrados.

Su momento: Acaban de sacar esta añada, puedes optar por tomarlo ahora o dentro de algunos años. Tú eliges. No hay prisa si no quieres tenerla.

Lo que cuesta: 12,50 euros

Con qué me lo tomo: Con un chuletón de vaca de la Sierra de Guadarrama.

 

Tinto Qúbel Revelación 2015. Bodegas y Viñedos Gosálbez Orti.  Su copropietaria, Estrella Orti, nos lo presentó como el “vino de la crisis”, la opción para bolsillos pequeños que creó la bodega cuando lo empezamos a pasar mal. Es un tinto sencillo, modernete, muy facilón, de los que te bebes la botella sin darte cuenta. Tiene como base la tempranillo, a la que se acompaña de merlot, syrah (que marca mucho) y un puntito de cabernet sauvignon y de la blanca malvar. Fue el único joven que catamos y se agradece su frescura, su buen equilibrio, su frutosidad sin ambages.

Su momento: ¡Ya!

Lo que cuesta: 7,80 euros

Con qué me lo tomo: Abrimos temporada de barbacoa, pon en ella lo que quieras y refresca este Revelación unos graditos. Éxito asegurado.

 

Tintos Armonium 2012 y La Capital 2014. Bodegas Orusco y Vinos Sanz. Bajo el lema#madrilízate estas bodegas centenarias (de las más ancianas de sus Denominaciones: Madrid y Rueda)  unen fuerzas para presentarnos los vinos fruto de su colaboración.

Armonium es un homenaje a Bautista Orusco, un tinto rotundo pero al tiempo elegante, con miras de perdurar. Reconozco que estas uvas son precisamente dos de mis variedades más odiadas, no puedo ser objetiva. Sin embargo, me sorprendió muy gratamente, sobre todo porque en boca era muy equilibrado, sedoso pero con estructura. Un clásico.

La Capital es el proyecto madrileño de la bodega de Rueda Vinos Sanz. Un tempranillo elaborado a partir de viñas de las riberas de Tajuña, en Valdilecha, que ha nacido para el chateo: fácil, frutal, con un puntito de roble, agradable y sin complejos.

Su momento: Ambos están para ser bebidos ahora.

Lo que cuesta: Sobre los 20 euros el primero, sobre los 7,50 euros el segundo.

Con qué me lo tomo: El primero, con un conejo al ajillo. El segundo, con una buena tapa de jamón ibérico.

 

Tinto Fuente Ladrona Merlot 2011. Bodegas Alberto Ayuso. Su propietario nos comentó que acababa de dejar todo en manos de su hija. Llega, pues, una nueva generación para una bodega familiar que hace bien los vinos… ni más ni menos. Como ya os he comentado, los vinos de merlot no son mis favoritos, quiero que lo sepáis a la hora de valorar mi opinión. Éste estaba elaborado con viñas sobre los 800 metros, y resultó un vino fácil, gustoso, correctísimo, pero que no me habló al corazón.

Su momento: Ahora mismo.

Lo que cuesta. Sobre los 15 euros

Con qué me lo tomo: Vamos a hacernos los franceses del todo y nos lo tomamos con un magret de pato.

 

La banda Sonora: Que elijo para este mi día "chulapo" es la de las polémicas y también madrileñas Hinds, que lo petan fuera de España y aquí son unas incomprendidas. Un poco como nuestros vinos de “La Viña y Corte”. Os dejo mientras brindo a vuestra salud.