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DEHESA DE lUNA, UN GRACIANO BIODIVERSO

Recuerdo mi visita a Finca Dehesa de Luna. Fue hace unos cuatro años, antes de que naciera Julia. Llegamos allí tras un corto viaje en tren hasta Albacete y luego un paseo en coche hasta La Roda. Me acuerdo especialmente de lo que me gustó el paisaje, una auténtica dehesa castellana con 2.000 hectáreas de bosque mediterráneo, con sus encinas, su romero y su florida retama dominando el paisaje, en el que se cuelan las perdices, como siempre campando a sus anchas con sus pequeños pasitos, y en cuyo cielo es fácil divisar milanos reales e incluso algún águila. Sus viñas, situadas a 850 metros de altitud, empezaron a plantarse en el 2001, y actualmente ocupan 82 hectáreas. Divididas en tres parcelas: El Viñazo, La Mata de la Culebra y La Cañada del Navajo, están rodeadas, "a la vieja usanza", de otros cultivos: almendros, olivos, pistachos, cereales... Es una inmersión en la Naturaleza y una lección de agricultura sostenible, un modelo que pocos se atreven a mantener y que en mi opinión es, sin duda, el futuro. Así que no me extraña y me encanta que hayan apostado por esa etiqueta de Finca Reserva de Biodiversidad, porque responde muy mucho a la filosofía de Dehesa de Luna.
Junto con esta preocupación por el Medio Ambiente, por mantener el entorno original, nos encontramos con un  lado técnico muy importante, centralizado en un viñedo considerado como uno de los más avanzados, tecnológicamente hablando, de España: La Cañada del Navajo. Con poco más de 12 hectáreas, es su "joya de la corona", un viñedo único en el que se congregan cuatro tipos diferentes de conducción y cinco variedades de uva: tempranillo y graciano entre las "nacionales", petit verdot, cabernet sauvignon y syrah entre las "internacionales". Y es que han estudiado metro a metro cada hectárea, dividiendo, subdividiendo, las parcelas de esta cañada, encontrando sus diferencias y adaptando variedades y formas de conducciones a cada una de ellas. El primer paso de un buen enólogo es conocer sobre dónde pisa, qué materia prima tiene y cuál puede conseguirse y en esta bodega se lo han tomado muy en serio. Conocen cada "lunar" de su viñedo.

Dehesa de Luna Graciano 2014. B. Dehesa de Luna. Finca Reserva de la Biodiversidad.

Un milano real surca la luna de la Dehesa. Y es que en esta nueva etapa "biodiversa" de Dehesa de Luna, cada vino tiene su propia ave, una de las que podemos encontrar en el cielo de la finca. Para el graciano, han escogido esta ave de invierno, a la que le gusta volar en pareja, majestuosa, cada vez más alto. Una apuesta valiente y personal de la bodega (la graciano es una variedad poco cultivada en La Mancha) que se ha plasmado en esta primera añada, fruto de la escasa hectárea de graciano en espaldera con la que cuentan. Menos de 5.000 botellas en las que se condensa la personalidad de una uva que enamora y que estamos redescubriendo a solas. Yo descubrí la graciano en Rioja, ya que es una de esas uvas que forma parte de la trilogía clásica (tempranillo-garnacha-graciano) y que hace unos años los más visionarios decidieron ver cómo volaba sola. Porque hasta entonces, pobre graciano, siempre escondida entre otras variedades, asomando unas pocas viñas gracianas en un viñedo de otras uva, una uva que "sumaba" al conjunto, pero  a la que no se atendía especialmente. Recuerdo que el primer monovarietal que tomé de graciano fue el de Viña Ijalba y después el de Contino, pero que quien me enseñó más de esta uva fue Elena Adell, de  Azpilicueta, mi compañera de fatigas en La Nariz de Oro. Ella me contó las historias con las que explicaban el origen de la palabra "graciano" los agricultores riojanos,  desde que recibía ese nombre porque era la que le daba la "gracia" al vino, hasta que la llamaban así porque era el patito feo: "¿quieres de esta uva? gracias, no". Lo cierto es que es una variedad alucinante para el envejecimiento, que le aporta una acidez y frescura al vino sin gual, que representa muy bien al terruño y que, como muestra este botón, en climas cálidos se desenvuelve pero que muy bien. ¿Se nota que me gusta? 

Mis apuntes: Tiene ocho meses de estancia en barrica pero tan bien integrados que apenas se notan. Es un tinto elegante pero profundo, extraordinariamente fresco pese a estar elaborado en una zona cálida, con todas las características que se le piden a un graciano: recuerdos a fruta negra y roja casi en mermelada, pimientas, notas de tiza y esa acidez y estructura que la ha hecho favorita a la hora de pensar en el largo recorrido.

Con qué me lo tomo: Yo lo disfruté con un secreto de ibérico, pimientos asados y patatas fritas y le iba que ni pintado. ¡Ah! Y lo refresqué un pelín, que con estos calores, a mí el tinto me apetece más fresquito de lo habitual. COmo tiene un tanino de seda, no hay problema en ello.

Cuándo me lo tomo: Ahora está estupendo, pero podemos guardarlo sin problema 3-4 años.

Cuánto cuesta: 15 euros

La BSO: Con esa luna llena coronando la dehesa manchega, no podía elegir otra canción que ésta de uno de mis grupos fetiches para bailar y pasarlo pipa, Bombay Bicycle Club.