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Sin Denominación de Origen

Querido diario:

 

He decidido comenzar tu primera y temida primera página en blanco hablando de personas, de denominaciones de origen y fechas de caducidad.

Parece obvio pensar que las personas que trabajan en una empresa son los “provocadores” de que ésta funcione, que el verdadero valor de un negocio se mide en “caudalías” humanas, y que, por lo tanto, el mayor mimo, la mayor inversión, debe de ser en ellos.

Pero, ¿cómo valoramos la calidad de un empleado? En mi vida profesional he tenido que dirigir diversos equipos de personas. Es un trabajo complicado pero muy enriquecedor, a través del que aprendes a “exprimir” lo mejor de cada una de las personas que están a tu cargo. Para ello, para aprender a valorarlos, tienes que conocerlos y dejar que te conozcan. Muchas son las variables que hay que tener en cuenta, pero os puedo asegurar que ninguna de ellas tiene que ver ni con la edad, ni con el sexo ni con la nacionalidad. O, traducido a las palabras con las que comenzaba este post,  ni con la fecha de caducidad ni con la denominación de origen.

O así debería de ser. Porque todo esto que acabo de “soltaros” parece obvio, pero hay que recordarlo.

Hace un par de días una amiga me hizo llegar el “grito” de auxilio de la prima de un amigo. Madre de dos niños pequeños, recién separada, se encontraba una y otra vez con el muro de esta situación personal a la hora de encontrar trabajo. Así estamos todavía.

 

Por eso, y por otros muchos casos de injusticia laboral, que me tocan de una manera más o menos cercana, cuando mi amiga Carolina Arias me habló del proyecto en el que estaba “inmersa” (y si conocierais a Carolina sabríais que he usado la palabra correcta, siempre lo da todo), en seguida me puse el delantal y en esta ocasión, no es sólo una metáfora.

Así que os presento Sin Denominación de Origen, una maravillosa campaña de la Cruz Roja jienense, enmarcada dentro del Proyecto Reto Social Empresarial Alianzas, y financiado con Fondo Social Europeo, en la que concienciación, visibilidad y practicidad se dan la mano para ayudar en el difícil mundo laboral de la restauración.

 

Recuerdo cuando hace ya unos años Gastón Acurio comenzó en Perú su impresionante labor en la Fundación Pachacutec, a través de la que apoya la formación en el sector de la restauración de las capas más desprotegidas de su sociedad. Me encanta su valentía, su corazón, que le ha llevado a tener que protegerse con guardaespaldas, su arrojo para crear un futuro digno, él que es un GRANDE de la cocina a nivel mundial.

Pero, en países como España, en los que la formación es mucho más accesible, el problema es más bien otro. El mismo que todos, en mayor o menor medida, sufrimos.  Una vez formados, hay que encontrar empleo.

 

Y si te encuentras en esas capas más “sensibles” (mayores de 45 años, inmigrantes, mujeres con cargas familiares…) la cosa se complica muy muy mucho. Así que me parece súper necesario concienciar al empresario, y especialmente al vinculado con la restauración, sector en el que, no nos engañemos, la eventualidad y precariedad están a la orden del día, de que hay que cuidar a la gente que le pone alma y corazón a tu local. Que nuestra “denominación de origen” y nuestra edad es algo positivo, una mochila experiencial que enriquece. Y yo soy de enriquecer, ¡faltaría más!

Así de bien me lo explica Carolina Arias, una de las artífices de este proyecto: “la cocina es un lugar que integra sabores, olores y maneras de trabajo de cualquier lugar del mundo; es capaz de respetar la tradición y combinarla de elementos y procesos actuales rejuveneciéndola y dándole un valor y presencia merecidos… sin embargo a veces, las personas que gestionan el sector gastronómico, olvidan que esta grandeza interracial e intergeneracional, también la pueden aportar las personas que pueden trabajar en su restaurante”.

Como padrino excepcional cuentan con el magistral Dani García, un ejemplo de cómo la cocina de las emociones puede llegar hasta las estrellas (en este caso, también hasta las Michelin), y que ya se ha puesto su delantal solidario. Es de agradecer que chefs de su nivel se “mojen” en estos proyectos tan cercanos.

Y todo esto, a nivel práctico ¿cómo se articula? Primeramente, en unas jornadas el próximo lunes 24 de octubre, a la que podrán inscribirse en la web las empresas vinculadas al sector gastronómico que deseen asistir.

Además, y esto me gusta mucho porque “toca” el otro lado, el del cliente que acude al restaurante, en un “Recetario sin denominación de origen” mediante el que los restaurantes han creado una receta “sin D.O”, para que todos aquellos que nos acerquemos hasta los restaurante "sin D.O." hasta el 6 de enero del 2017, podamos probar y comprobar lo bien que le sienta a la cocina eso de eliminar fronteras y barreras.

Y como por una buena causa, bien vale ponerse el delantal, arremargarse y ayudar en todo lo posible, os dejo con mi "puesta de delantal sin denominación de origen".

El pobre salmonete no tiene la culpa de nada, pero así aprovecho y os enseño el "género" con el que trabajamos en mi querido Chiringuito de El Señor Martín. Un restaurante en el que, por cierto, nos importa mucho el origen, pero solo en nuestras materias primas. Y ya sabéis, la fecha de caducidad, en los yogures, nunca en las personas.